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LA VIDA DE UNA PREPAGO

Yo creo que a medida que les dé pistas, a lo mejor se van dando cuenta dónde me pueden conseguir. Por si acaso, este jueves ya quedé con una amiga mía de ir a tomar algo a la T en la noche, seguramente a Pravda o al pub que queda cerca a Crepes. No se vayan a confundir con tantas mujeres, !no hagan el oso!, pero por ahí andaré, quién quita que conozca a alguno de ustedes.

Pero bueno, pasemos a otros temas. En estos días estuve hablando con una amiga que trabaja en lo mismo sobre cosas raras que hemos visto en esto de ser acompañantes y me gustaría compartirlas con ustedes, no todas, pero sí algunas pues el tema da para mucho. Por ejemplo, recuerdo que un día me llamaron y me citaron en un apartamento en Rosales. Para sorpresa mía en la sala del enorme apartamento estaban dos hombres y una mujer. Me recibió el que, creo, era el dueño del apartamento y la mujer era su esposa. El otro tipo era un amigo de ellos. De inmediato les advertí que mi servicio es por una sola persona y que si querían una orgía me tendrían que pagar muchísimo más. El esposo me dijo que estuviera tranquila que él se acostaría conmigo y nadie más. Fue muy extraño, me llevó a una habitación, cerró la puerta, me comenzó a besar, a desnudar, a chuparme las tetas y comenzamos a tirar sin yo entender muy bien qué pasaba con el amigo y la esposa que se habían quedado en la sala. Pero pronto lo comprendí. El tipo estando encima mío marcó desde su celular y llamó a su esposa y le empezó a contar que me estaba comiendo, que estaba encima mío, que me quería chupar el clítoris, que quería venirse en mi cara, etc, etc, pero también le preguntaba que él que le estaba haciendo y yo alcanzaba a oír que la esposa le contaba que el amigo también se la estaba comiendo en la sala mientras que él se excitaba más y más. El hecho de que se estuvieran comiendo a su esposa lo arrechaba y no paró de hablar con ella mientras me comía. Puso el altavoz de su celular y se oían los gemidos al otro lado de la línea y así hasta que, en efecto, se quitó el condón y se vino en mi cara. Cuando todo acabó, yo ese día ni me vine (muchas veces no me vengo), salí a la sala y la esposa estaba medio desnuda y el hombre se había ido. Ella estaba medio borracha y apenas me hizo un gesto para despedirse.

Pero casos así hay muchos. Un día un tipo, por el sector de Galerías, me citó en su apartamento. Al minuto ya estaba totalmente desnudo y sacó un vibrador enorme. Pensé que quería metérmelo a mí, pero no. El me pidió que yo se lo metiera por el beep. Se puso en cuatro, sacó vaselina y me ordenó que lo hiciera. Esa noche ni siquiera me quité la ropa y el tipo ni me tocó un pelo. Otro cliente, una vez, me dijo que lo amarrara a una silla y que le escupiera y que le pegara cachetadas. Lo raro es que me decía que lo hiciera muy duro, cada vez más fuerte, que quería que le reventara las narices. Yo, temerosa, lo fui haciendo y, de verdad, llegué a reventarle las narices de una palmada y ahí lo vi venirse sin que ni siquiera me tocara una teta. Y hay unos que me imagino que por no querer tener el cargo de conciencia de comerse a una beep me citan, me piden que les balie, que me vaya desnudando, que les muestre las tetas, el beep y ellos simplemente se masturban. Eso me ha pasado mucho y para mí mejor, no tengo que acostarme con ellos y me pagan igual.

En esto del sexo hay de todo y yo pongo límites también. Yo nunca dejo que me amarren, por ejemplo. De un desconocido se puede esperar cualquier cosa y ante todo yo pienso en mi seguridad personal. No deja de ser riesgoso meterse con gente con ciertas perversiones pues nunca se sabe. Tampoco me gusta hacer la famosa lluvia dorada que es orinarse encima de los tipos. Solo una vez lo hice porque el cliente me dijo que pagaría cuatro veces más por esa hora de trabajo. Para mí lo más rico del sexo es hacerlo y hacerlo. La única cosa rara que disfruto mucho es una cliente que me llama con alguna frecuencia. Sí, como lo oyen, es una mujer de unos 40 años que además está muy buena. Pero me cita para que me coma a su novio delante de ella. El novio está delicioso, es un hombre alto, corpulento, de unos 35 años y lo tiene muy grande. Siempre terminamos tirando mientras ella nos mira, nunca quiere unirse a nosotros aunque la última vez estaba totalmente desnuda y masturbándose. Les confieso que aunque el tipo tira muy bien, lo que me arrecha es verla a ella excitada. ¿Será que soy yo la pervertida?

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